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Los barrios de Ajijic celebraron este 3 de mayo el Día de la Santa Cruz, una festividad que persiste como refugio de la identidad local frente al avance de la gentrificación. La calle La Villa, en el barrio de Guadalupe, destacó este año como el epicentro de la fe y el folclor al albergar al menos una docena de altares.
La jornada comenzó desde temprano con el montaje de estructuras enmarcadas por palmas verdes y papel crepé. Estos altares, algunos con más de cincuenta años de historia ininterrumpida, son herencias familiares que incluyen desde flores y frutas hasta abarrotes, tequila y música en vivo.

La pieza central de la tradición es el acto de "descolgar la cruz". Quien decide llevarse las viandas del altar adquiere el compromiso de montarlo nuevamente el año siguiente, devolviendo cada artículo recibido con un excedente; una práctica que, incluso, los políticos locales suelen adoptar cada tres años durante sus campañas.

A pesar del entusiasmo en La Villa, otros barrios como San Sebastián y San Miguel registraron una participación menor en comparación con años anteriores. Habitantes y comerciantes ambulantes señalaron que la afluencia de gente ha disminuido.

Al caer la noche, el ambiente festivo alcanzó su punto máximo con la quema de los tradicionales "toritos" de pirotecnia. Entre gritos de "¡ahí viene el toro!", los asistentes esquivaron los buscapiés, refugiándose en los callejones y privadas donde aún reside el corazón de la comunidad ajijiteca.
Cerca de las 23:00 horas, tras el cese de los fuegos artificiales, las familias iniciaron el desmonte de los altares que no fueron "descolgados". El próximo año volverán a colocar su ofrenda en la calle, preservando el legado de sus antepasados.
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