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El avistamiento reciente de un pez diablo en la laguna de la isla Xamayn, en las inmediaciones de Jamay, volvió a poner sobre la mesa una problemática que desde hace años enfrenta el lago de Chapala: la presencia de especies introducidas que pueden alterar el equilibrio de su ecosistema.
Para Eduardo Juárez Carrillo, director del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara (UdeG) e investigador de la institución, el caso muestra los riesgos de liberar organismos en ambientes donde no son nativos.
Juárez Carrillo explicó que el pez diablo es una especie invasora que habría llegado al lago debido a la liberación de ejemplares por parte de aficionados a la acuariofilia. Cuando estos animales crecen y sus propietarios ya no pueden mantenerlos, algunos terminan siendo liberados en cuerpos de agua, una práctica que puede generar desequilibrios en el ecosistema.
El investigador señaló que es importante distinguir entre las diferentes especies introducidas, debido a que sus efectos y niveles de impacto pueden ser distintos.
Entre las especies introducidas también se encuentra la lobina negra, cuya presencia, de acuerdo con Juárez Carrillo, fue resultado de una introducción realizada por autoridades estatales alrededor de 2015, decisión que calificó como un error.
Esta especie depreda principalmente al charal, considerado el último pez de pesca nativa del lago de Chapala, aunque actualmente la lobina es aprovechada principalmente mediante la pesca deportiva.
La tilapia negra y la carpa también tienen una presencia importante en el lago. La tilapia representa aproximadamente el 80 por ciento del producto de pesca.
A esta lista se suman algunas especies de ranas que desplazan a poblaciones nativas e incluso el cocodrilo. En el caso de la flora, el lirio acuático representa otro problema al favorecer condiciones de bajo oxígeno en el agua, además de contribuir a una mayor evaporación y generar obstrucciones.
Aunque algunas de estas especies tienen importancia para actividades como la pesca, Carrillo Juárez advirtió que cualquier introducción de organismos en un ambiente donde no son nativos representa una alteración para el ecosistema.
Hasta ahora, explicó, no puede asegurarse de que alguna especie introducida haya provocado la extinción de una especie nativa del lago. Sin embargo, sí existen poblaciones amenazadas, entre ellas los charales, al menos diez especies de pez blanco y las dos especies de bagres nativos de Chapala.
El investigador recordó además que introducir especies en ecosistemas donde no son nativas constituye un delito ambiental.
Más allá de una posible sanción, señaló que el problema radica en que una especie liberada puede reproducirse, competir con las especies locales y modificar las condiciones del ecosistema.
En el caso del lago de Chapala, advirtió, lo que comienza con la liberación de un solo ejemplar puede convertirse en un problema para todo el entorno.
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