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Esta semana, el peso mexicano cayó por debajo de las 17 unidades frente al dólar estadounidense por primera vez desde junio de 2024; este hito reduce el valor en pesos de los dólares percibidos por expatriados, exportadores, empresas turísticas y familias que reciben remesas.
Los datos oficiales del tipo de cambio del Banco de México situaron al peso en 16.9583 por dólar el 20 de agosto, mientras que los bancos y las casas de cambio ofrecían una cotización aún menor. La moneda cayó brevemente por debajo del umbral de los 17 pesos el 14 de agosto, un nivel no visto desde el periodo en torno a las elecciones presidenciales de México de junio de 2024.
El fortalecimiento del peso refleja las tasas de interés aún elevadas de México, un dólar estadounidense más débil y la demanda de los inversores por activos mexicanos. El 6 de agosto, el Banco de México mantuvo su tasa de interés de referencia en el 6.50 %, conservando una ventaja considerable frente a inversiones comparables en dólares y atrayendo a inversores de carry trade (operaciones de arbitraje de tasas), quienes piden prestados o poseen dólares y buscan mayores rendimientos en títulos denominados en pesos.
Molly Schwartz y Christian Lawrence, analistas de Rabobank, señalaron que las tasas comparativamente altas de México siguen impulsando la demanda del peso. Prevén que Banxico mantenga su tasa clave en el 6.50 % durante 2026 y 2027, aunque pronostican que el tipo de cambio dólar-peso oscilará mayoritariamente entre 17 y 18 durante el próximo año.
Una moneda más fuerte es una buena noticia para los consumidores y las empresas que adquieren bienes importados, equipos, piezas o materias primas. Una compra denominada en dólares cuesta menos pesos cuando la moneda nacional se aprecia, lo que ayuda a mitigar las presiones inflacionarias. Asimismo, reduce el costo en pesos del servicio de deudas denominadas en dólares para empresas y gobiernos.
Sin embargo, hay sectores perjudicados. Los exportadores mexicanos reciben menos pesos al convertir sus ingresos en dólares, lo que puede reducir los márgenes de beneficio de fabricantes, productores agrícolas y otras empresas que venden al extranjero. Por su parte, los visitantes estadounidenses y los expatriados ven cómo sus dólares tienen menor poder adquisitivo en México. Clientes de un banco local en Ajijic se quejaron de que "mis dólares ya no valen tanto", señalando que esto encarece todo para quienes viven de la Seguridad Social o de pensiones. Muchos recordaban los tiempos en que un dólar equivalía a 20 pesos y los precios se calculaban dividiendo entre 20. Esos días han quedado atrás.
Para las familias que reciben dinero de parientes en Estados Unidos, el cambio es inmediato. Una remesa de 100 dólares se convierte en unos 1,696 pesos a un tipo de cambio de 16.96, frente a los 1,800 pesos que se obtendrían si el dólar cotizara a 18 pesos mexicanos; una diferencia de unos 104 pesos por transferencia.
En la zona de Lakeside, el impacto es igualmente dispar. Los trabajadores y negocios mexicanos que dependen de ingresos en dólares —provenientes del turismo, alquileres, construcción, restaurantes o servicios para residentes extranjeros— podrían recibir menos pesos por el mismo pago en dólares. Por otro lado, los residentes que cobran en pesos podrían experimentar cierto alivio si los negocios trasladan al consumidor los menores costos de productos o materiales importados.
No hay garantía de que la fortaleza del peso perdure. Los analistas señalan que sus ganancias dependen en parte del apetito global por el riesgo y de la expectativa de que las tasas de interés de EE. EE. EE. UU. se mantengan por debajo de las de México. Un nuevo repunte en el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, la inestabilidad geopolítica o una reducción de la brecha de tasas de interés entre México y EE. EE. EE. UU. podrían debilitar rápidamente al peso.
Goldman Sachs prevé que el Banco de México mantenga las tasas sin cambios durante el resto de 2026, según Reuters; sin embargo, una encuesta realizada a analistas a finales del año pasado proyectaba que el peso se debilitaría en los 12 meses siguientes, a medida que la economía mexicana se desacelerara y la ventaja en las tasas de interés se redujera, lo cual constituiría una buena noticia para los expatriados.
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