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Hace tres años estuve invitada a participar, varias veces, en un programa de la televisión local en Guadalajara, un médico, una conductora del programa y yo. Los temas eran diversos, y yo, como profesora de Yoga y persona que ha vivido en el mundo del bienestar integral, comentaba con ellos mis opiniones y experiencia, tal y como hago aquí, con ustedes.
En uno de los programas hablamos del hábito de fumar y yo cometí el error de decir “por lo menos que no fumen tanto” y el médico se escandalizó porque yo dije eso. “No se le puede dar el permiso a la gente de fumar, nadie debería fumar”, comentó él. Quedé un poco apenada pero no sentí que valiera la pena dar ninguna explicación.
¿Por qué dije esa barbaridad? Mi hermana es psicóloga y estuvo donando tiempo y experiencia profesional en un grupo de doble AA en la Ciudad de México, y ella me explicaba que las personas con adicciones sufren mucho de soledad, de abandono tanto de sí mismos como de sus seres queridos y la mayoría de las veces una cajetilla de cigarros tiene dentro 20 amigos, sus únicos amigos. Ese día sentí que las lágrimas querían correr por mis mejillas, nunca me había puesto a pensar en eso. Tendía a juzgar a quienes padecían alguna adicción; no me imagino teniendo como mejor amiga una botella de tequila, pero con el tiempo y la experiencia entendí que ella tenía razón.
La situación con las adicciones, por muy menores que sean, refleja algo mucho más intenso y complejo que el simple gusto por evadirse y escaparse, y cuando ya se complican con la dependencia bioquímica del organismo, son muy difíciles de vencer.
Los que hemos tenido algún ser querido cercano que padece de alguna o algunas adicciones sabemos lo confuso que es, porque “queremos ayudar” pero no sabemos si el que está enfermo quiere ayuda. Nos escucha nuestra letanía de consejos, de súplicas, asiente con su cabeza y nosotros creemos que todo va a cambiar, pero tristemente no es así. Hace poco una amiga me contó que su hijo de 19 años ya fue rechazado por tres psiquiatras, después de haber pasado por varios psicólogos a lo largo de dos años; le dijeron que no es candidato a terapia.
¿Qué significa esto? Que lo único que podría ofrecer una solución es el internamiento en un centro de adicciones y enfermedades mentales. Leo estas líneas y me sigue pareciendo extremo, durísimo, cruel. Pero así son las adicciones.
Se considera “éxito” cuando la abstinencia es total, pero también se aplaude la reducción del consumo. De acuerdo con la filosofía de los grupos de doble AA, hay cuatro factores que pueden resultar benéficos:
Asistencia frecuente a las reuniones de los grupos, estando en un grupo con el que la persona sienta conexión.
Apadrinamiento, el mentor es indispensable; se recomienda que sea un individuo que haya pasado por una situación similar a la del enfermo.
Estilo de vida, trabajar con los 12 pasos constantemente; no hay una “graduación”, es un proceso de por vida.
Participación en voluntariados y servicio social para diversos grupos e instituciones de ayuda comunitaria.
Aunque las tasas de deserción y recaída son altas, vale la pena intentarlo.
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