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Probablemente vieron la noticia de primera plana la semana pasada sobre la protesta en la estación de autobuses de Chapala y la advertencia de que habrá más manifestaciones si la compañía no revierte los aumentos de tarifas y mejora el servicio. Si se preguntaron por qué esto fue portada, es porque las tarifas del transporte controlan literalmente la vida de las familias en los municipios de la ribera de Chapala, y no precisamente para bien.
Cuando la tarifa del trayecto Chapala-Ajijic subió de 12-13 pesos a 18, parecía poco en el papel: solo cinco o seis pesos más por viaje. Pero para la gente trabajadora, ese "pequeño" aumento transforma sus presupuestos mensuales y su vida familiar. Para muchos, es la diferencia entre sobrevivir y caer en lo que los expertos llaman "pobreza de transporte", donde el simple hecho de desplazarse consume el dinero necesario para la comida, la educación y la salud.
Tomemos como ejemplo a un trabajador con tres empleos. Su día comienza antes del amanecer: autobús de casa al primer trabajo en Ajijic poniente; otro al segundo en la agencia de Riberas del Pilar; luego al tercero, de regreso en Ajijic, y finalmente uno más de vuelta a casa en Chapala. Son cuatro viajes al día. Antes del aumento, esto le costaba unos 50 pesos diarios; ahora le cuesta 72. Esto representa aproximadamente 132 pesos más por semana, unos 528 pesos adicionales al mes. Para alguien que gana entre 300 y 350 pesos diarios, esto equivale a perder entre un día y medio y dos días de salario íntegros al mes solo por el incremento tarifario.
Pero hay más. Si su esposa gastaba 50 pesos al día para llevar a su hija a la escuela, ahora gasta 72, lo que suma entre 440 y 500 pesos adicionales al mes. Con dos hijos en edad escolar, el costo extra puede ascender a entre 800 y 1.000 pesos mensuales. Ante esto, uno se pregunta por qué se ven mujeres conduciendo ilegalmente una moto prestada con tres niños a bordo: la respuesta está en las tarifas de autobús.
Para costear estos aumentos, las familias reducen el consumo de carne, frutas y verduras frescas; posponen las visitas al dentista y piden dinero prestado para medicamentos. A veces, el esposo debe caminar al trabajo, alargando una jornada laboral de por sí pesada, lo que significa menos tiempo de calidad con su familia.
Incluso se ha reportado que cobran tarifa de adulto a niños, lo que dificulta que los padres de bajos ingresos paguen útiles y uniformes; en ocasiones, esto provoca que los niños simplemente abandonen la escuela. La compañía de autobuses se convierte así en la entidad que dicta la vida de las familias y el futuro de la infancia.
Para los trabajadores y padres de Chapala y Ajijic, el autobús no es un lujo; es el frágil puente hacia el empleo, la educación y los servicios básicos. Cuando cruzar ese puente se vuelve prohibitivo, toda la comunidad pierde. Es hora de que el Estado y el municipio tomen medidas. Que se revisen las concesiones, se inspeccionen las unidades en mal estado; lo que haga falta para brindar a los habitantes de la ribera el transporte que necesitan y merecen a un precio justo.
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