28 Jul. 2026 | Actualizado 14:39 GMT-6


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OPINION

¿Qué le pasa al agua de Guadalajara?

Columna de opinión

De los más de cinco millones de habitantes que viven en la Zona Metropolitana de Guadalajara, el 60% de ellos recibe agua del lago de Chapala; el otro 40% proviene de los pozos de los sistemas Toluquilla y Tesistán, así como de los dispersos en toda la ciudad, además de la presa Calderón y, próximamente, de la presa El Zapotillo.

En los años 90 y a principios de este siglo, el SIAPA se caracterizaba por la autosuficiencia técnica. En ese tiempo se tenía una Gerencia de Calidad del Agua, que se encargaba de la potabilización en las tres plantas: Miravalle, Las Huertas y San Gaspar. Cada una de ellas contaba con un laboratorio, pero desapareció la sección de Limnología, que se encargaba de monitorear las fuentes superficiales de abastecimiento para la ciudad.

Los estudios de calidad del agua se iniciaban en la antigua planta de bombeo en el río Santiago; continuaban hasta llegar a la derivadora en la comunidad de Presa Corona, en el municipio de Chapala. Ahí nace el canal de Atequiza, que pasa por las comunidades de Atotonilquillo, Atequiza, El Rodeo y La Capilla, hasta llegar a la estación de bombeo de La Calera. A partir de ese punto se le denominaba el famoso Canal de las Pintas, hasta llegar a la presa del mismo nombre.

La importancia de esa sección de limnología era contar con un perfil de la calidad del agua. Se sabía el porqué de las variaciones, quiénes y con cuánto contaminaban el río y los dos canales. Varias veces hubo florecimientos algales que provocaron la mortandad de peces, pero había especialistas en el tema y se sabía cuál era el alga responsable en la presa de Las Pintas y qué debía hacerse en la potabilizadora, porque en el laboratorio se realizaban pruebas.

En esa época también se tenía un estudio semanal de la presa Calderón y del lago de Chapala. El monitoreo en el lago iba desde Mezcala hasta Ajijic, con puntos estratégicos como la confluencia con el arroyo San Marcos, frente a la zona turística, y los efluentes de las plantas de tratamiento de Ajijic-San Antonio y San Nicolás. Dejó de hacerse.

Sin embargo, se tenía un estudio completo de la calidad del agua del río Verde y de sus tributarios, así como la caracterización de cada una de las poblaciones de la cuenca. Esto se hacía cuando había dos visionarios: Gualberto Limón y Jorge Humberto Huizar. Ambos fueron gerentes de Calidad del Agua y sabían del tema; además, estaban comprometidos con entregar agua de calidad a la ciudad. Modernizaron los laboratorios y existía una férrea vigilancia en el control de la calidad del agua.

Cuando ellos salieron, el siguiente responsable era un buen experto en ingeniería civil, pero no en calidad del agua; después llegó un experto en albercas, y así se fue deteriorando el área hasta desaparecer la vigilancia de las fuentes de abastecimiento. Entonces nos hacemos la pregunta: ¿cómo fue que llegamos a esta situación? El SIAPA dejó de lado algo tan importante como el manejo de cuenca.

 

 

José Antonio Flores Plasenci

José Antonio Flores Plasencia es un destacado ingeniero, docente y servidor público en Jocotepec, Jalisco. Se desempeñó como director del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SAPA) del municipio de Jocotepec y fue un pilar académico en el CETAC 01, donde formó a múltiples generaciones. Su legado combina la gestión técnica de los recursos hídricos en la ribera de Chapala con un profundo compromiso con la educación tecnológica y la promoción cultural de su comunidad.

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