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Cubrir la violencia —especialmente la de los cárteles— siempre es peligroso e impredecible. No existen precedentes de ataques del CJNG en Chapala y la ribera como los ocurridos durante lo que terminó siendo un asedio en 20 estados. Dado que los eventos sucedieron un domingo por la mañana, no nos encontrábamos en la oficina preparados para la noticia; sin embargo, cuando se informó sobre la muerte de El Mencho, pudimos movilizarnos rápidamente a pesar de los confinamientos y los cortes de internet.
La cobertura del incidente requirió que la mayoría del personal pasara de inmediato del descanso de fin de semana al modo informativo. En el operativo participaron los reporteros Armando Esquivel y Sofía Medeles, junto con los editores Patrick O’Heffernan y Arturo Ortega. También colaboraron la community manager de Lakeside News, Citaly Silva; el community manager de Semanario Laguna, Luis Santacruz; el diseñador, Darío Núñez; la correctora de Semanario Laguna, Conny Flores y el editor Domingo Márquez.
Aunque estábamos en lugares distintos, cada uno sabía qué hacer. O’Heffernan elaboró un plan de cobertura que se modificó varias veces; Arturo movilizó a su equipo y preparó las historias necesarias, mientras que Armando tuvo la brillante, aunque arriesgada, idea de conducir desde el aeropuerto hasta Chapala, atravesando los narcobloqueos para que la audiencia tuviera una idea clara de lo que estaba sucediendo.
Además, el equipo de voluntarios de nuestra publicación hermana en inglés, Lakeside News —quienes suelen desempeñarse como traductores y correctores—, colaboró con una investigación crucial. Lograron contactar a una mujer que se alojaba en una casa cercana a la de El Mencho, quien nos proporcionó un valioso informe de primera mano.
Mantuvimos la comunicación a través de WhatsApp, que a menudo fue la única vía disponible debido a los apagones que provocaron la caída de dos de los tres servicios locales de internet: Total Play e Ilox (Infinitum continuó funcionando).
A continuación, presentamos breves relatos de las experiencias de tres de los cuatro reporteros principales (Sofía Medeles se encuentra enferma y no pudo contribuir a esta crónica).
Patrick O’Heffernan. Mi primer presentimiento de que algo iba mal surgió el domingo a las 9:30 de la mañana, mientras me dirigía al aeropuerto para tomar un vuelo a la CDMX. Mi esposa me había enviado un mensaje de texto advirtiéndome sobre un bloqueo en la carretera, pero no lo vi sino hasta más tarde. Viajaba con dos amigos que me llevaban; nos detuvieron en Buena Vista porque un camión de bomberos estaba atravesado en la vía. A un kilómetro y medio de distancia, divisamos una columna de humo, lo que nos confirmó que se trataba de un problema grave. Esperamos a un lado de la carretera mientras el chofer hablaba con algunos hombres que estaban allí. Nos advirtieron que no fuéramos a Chapala porque "habría problemas". Tras ver pasar cuatro camionetas llenas de hombres armados, decidimos seguir su consejo.
Después de media hora, nos refugiamos en casa de un amigo en Chapala Haciendas. Desde allí, monitoreamos teléfonos e internet para averiguar qué estaba sucediendo. Alrededor de las 1:30 p. m., el CJNG emitió un comunicado amenazando con que cualquiera que fuera sorprendido en la calle sería asesinado. Publiqué el memorando y comencé a escribir; era evidente que no iríamos a ninguna parte.
Gracias a informes de agencias y llamadas telefónicas, pude recopilar información sobre los eventos en curso. El equipo de la publicación en inglés, Lakeside News, se volcó a la investigación y me envió enlaces, datos y citas, incluyendo información crucial sobre una mujer en Tapalpa. Al final del día, exhausto y abrumado por la información, me quedé a dormir en la habitación de invitados de mi amigo. Al día siguiente, considerando que era seguro, me llevaron a casa. Allí cancelé todos mis planes de vuelo y hotel para la semana. Tenía una conferencia en Guadalajara de miércoles a viernes, pero también fue cancelada.
Pasé el martes y el miércoles pegado al teléfono realizando entrevistas —incluida una a la agencia de seguros Bellon para un artículo sobre el pago de pólizas—. Escribí media docena de artículos adicionales actualizando nuestros informes iniciales, los cuales publiqué en línea y preparé para la edición impresa. En total, redacté nueve notas en dos días, además de mi columna. El jueves nos dedicamos a preparar la edición física: revisar la portada, maquetar y corregir. Esa labor nos mantuvo ocupados hasta las 12:30 de la noche, pero como seguía llegando información nueva, continué escribiendo hasta la una de la mañana.
Armando Esquivel.Sonó mi celular; era el editor llamando un domingo por la mañana, justo cuando parecía que la resaca se aliviaría con unas horas más de descanso. Sin embargo, tras esa llamada y un vistazo rápido a las redes sociales, me di cuenta de que el día sería radicalmente distinto a lo que había planeado.
Me levanté de la cama de inmediato, me di una ducha rápida con agua fría y salí. Al llegar a la gasolinera, una conversación captó mi atención: hablaban de un bloqueo en la carretera Chapala-Guadalajara, cerca de Los Cedros, así que fui a verificar la situación.
Los bomberos bloqueaban la vía, pero un hueco en el camino me permitió acceder a una escena digna de una película de acción. A lo largo de la carretera se divisaban autos calcinados. A través de mis transmisiones en vivo, la gente preguntaba con angustia por las zonas afectadas; todos tenían múltiples dudas y algunos enviaban mensajes deseando la seguridad de los demás. El trayecto fue rápido porque nadie quería circular ante el riesgo de que quemaran su vehículo, así que llegué fácilmente a la redacción en Ajijic. Allí pudimos hacer un breve balance de lo sucedido, aunque en ese momento ya se reportaban daños también en Chapala y Jocotepec.
Tomé fotografías de autos, bancos y tiendas quemadas, y luego redacté los artículos que se incluyeron en la edición final, además de publicar notas en línea para que la gente pudiera identificar los puntos críticos. Tuvimos suerte de que pudiera sortear los narcobloqueos sin sufrir ningún daño.
D. Arturo Ortega. Como de costumbre los domingos, me levanté a preparar el desayuno para mis hijos. Al terminar de comer, encendí la radio y, mientras lavaba los platos, escuché en las noticias matutinas que había varios bloqueos en la carretera Guadalajara-Chapala.
Unos minutos después, Domingo, el director del periódico, me llamó para pedirme que trabajara en un artículo al respecto; era evidente que algo grave sucedía. Encendí mi computadora y comencé a rastrear las redes sociales. Vi videos e imágenes que parecían sacados de la película Terminator: autos en llamas, gente en pánico y alarmas activas en varias partes del estado. Al principio, pensé que se trataba de noticias falsas, pero al verificar la información con diversas fuentes, supe que era una situación real y sumamente seria. En Tapalpa, se desarrollaba un operativo de seguridad con miembros del Ejército, la Guardia Nacional y fuerzas estatales de Jalisco.
Primero escribí sobre los bloqueos carreteros, donde me enteré de que hubo enfrentamientos y tiroteos. Luego comenzaron a circular rumores sobre la captura de "El Mencho", aunque en ese momento ni el gobierno federal ni el estatal habían confirmado nada. Solo se sabía de múltiples choques en distintos puntos del estado entre grupos delictivos y fuerzas de seguridad.
Por la tarde, la noticia sobre el narcotraficante más buscado del mundo fue corroborada por varios medios y plataformas, al tiempo que estallaban actos de violencia en 20 estados del país. Individuos armados incendiaron tiendas de conveniencia, autos, autobuses de pasajeros y varias sucursales del Banco del Bienestar. Las redes sociales se inundaron con imágenes captadas por personas en las zonas críticas.
Seguí redactando actualizaciones mientras comenzaban a circular los comunicados oficiales: primero el del Gobernador, confirmando el operativo en Tapalpa, y luego los de varios presidentes municipales instando a la población a mantener la calma y permanecer en casa. En ese momento, mientras seguía escribiendo, no pude evitar pensar: «¡Pobre gente de Guadalajara ahora mismo!».
Los acontecimientos se precipitaron hasta que se confirmó que El Mencho había sido capturado por Fuerzas Especiales del Ejército y que había fallecido durante el traslado a la Ciudad de México, junto con dos de sus escoltas. En mis 20 años como reportero, nunca imaginé que el Ejército lograría su captura, ni había visto que la violencia se extendiera tan rápido a tantos lugares tras la caída de un capo, ni siquiera con "El Chapo". Alrededor de las 8:00 p. m., el flujo de imágenes de enfrentamientos comenzó a disminuir. Al día siguiente, bajo el "Código Rojo", las calles estaban desiertas y la mayoría de los negocios permanecieron cerrados.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó el fallecimiento. Las alertas de seguridad se mantuvieron vigentes en gran parte del país y los actos de violencia continuaron de forma esporádica mientras yo terminaba mi reportaje. Para el martes, la situación parecía más tranquila; aunque persistía el miedo y hubo compras de pánico en supermercados, en Chapala los estantes no llegaron a vaciarse por completo.
Así viví la cobertura de la captura y muerte de El Mencho. Fue como una película que nadie habría imaginado escribir, pero ahí estaba yo, narrándola. Todas las historias convergieron el jueves: se verificaron datos, se seleccionaron fotos y se definió la portada. Ante lo inédito del evento, decidimos publicar una edición especial centrada en la violencia de los cárteles. Ese jueves por la mañana, el editor de Lakeside News, Patrick O’Heffernan, redactó un artículo de resumen que integraba las noticias de los días previos y las entrevistas más recientes. El equipo de Lakeside News trabajó arduamente en la traducción y corrección para asegurar una cobertura precisa en ambos idiomas.
Al final de aquel domingo negro, más allá del estruendo de los bloqueos, la incertidumbre y las horas interminables frente al teléfono o la computadora, quedó una certeza compartida: el periodismo se sostiene en el compromiso colectivo de quienes deciden contar lo que ocurre, incluso cuando el miedo también forma parte de la escena.
Dispersos en distintos puntos de la ribera, conectados apenas por mensajes y señales inestables, el equipo de Semanario Laguna y Lakeside News convirtió la urgencia y el riesgo en información para su comunidad. Porque si algo dejó esta jornada es la prueba de que, aun en medio del caos, una redacción unida puede transformar la confusión de un día histórico, en memoria pública.
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